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martes, 29 de marzo de 2016

Reseña 11: El Amante Japonés

Hola Amantes de la lectura! Me he percatado de Blogger multiplicó mi última entrada, así que si han encontrado alguna locura al entrar ayer en él, simplemente se trató de eso, así que asunto arreglado.

Hoy les traigo la reseña de una novela a la que le tenía ganas, por eso muy conscientemente pienso que entre mis retos del año me fijé leer una novela escrita por una autora latinoamericana.

Este es el primer trabajo de Isabel Allende que me atrevo a leer. Si bien es cierto que hace unos años pude ver la película basada en su ópera prima, La Casa de los Espíritus, protagonizada por Antonio Banderas y Winona Ryder, hasta ahora no me había visto tentada por su pluma. A pesar de que como lo he mencionado con anterioridad, de niña disfrutaba muchísimo de las obras del género realismo mágico, creo que me vi tan fascinada por las novelas de García Márquez, que él eclipsó a cualquier otro autor en su momento. 

Pero bueno, metámonos en el asunto que nos trae hoy, que nos otra cosa que la reseña de el último éxito de ventas de la reconocida autora chilena, titulado “El Amante Japonés”.

Ficha de la Obra:




Tapa blanda: 352 páginas
Editor: Plaza Y Janés; Edición: 001 (28 de mayo de 2015)  
Colección: EXITOS
Idioma: Español

Formato: Versión Kindle
Tamaño del archivo: 1163 KB
Longitud de impresión: 352
Editor: PLAZA & JANES (28 de mayo de 2015)
Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
Idioma: Español


Sinopsis:



La historia de amor entre la joven Alma Velasco y el jardinero japonés Ichimei conduce al lector por un recorrido a través de diversos escenarios que van desde la Polonia de la Segunda Guerra Mundial hasta el San Francisco de nuestros días

«A los veintidós años, sospechando que tenían el tiempo contado, Ichimei y Alma se atragantaron de amor para consumirlo entero, pero mientras más intentaban agotarlo, más imprudente era el deseo, y quien diga que todo fuego se apaga solo tarde o temprano, se equivoca: hay pasiones que son incendios hasta que las ahoga el destino de un zarpazo y aun así quedan brasas calientes listas para arder apenas se les da oxígeno.»